Características propias de la involución

 








El desarrollo de la persona humana, desde que nace, pasa por diversas etapas en cuanto a la mejora de las distintas capacidades, tanto físicas como psicológicas, las cuales tienen una evolución distinta en el tiempo, es decir, unas se desarrollan antes que otras; también en su mantenimiento e involución tienen apariciones distintas.

Cuando se busca mejorar la calidad de vida de las personas mayores, es conveniente saber el proceso de involución de dichas capacidades, para tratar de que sea más lentamente y adaptar las actividades a sus propias condiciones, ya que en estas edades se producen cambios estructurales y modificaciones a nivel fisiológico que a su vez van acompañados de modificaciones en la personalidad y rendimiento de los sujetos, como son:

1) el cambio de apariencia física con aumento de la calvicie y canas en el pelo, a la vez que aumentan las arrugas y las zonas de la cara con cartílagos como la nariz, las orejas, etc.

2) Se atrofian las glándulas de sudor con su tolerancia menor al calor.

3) Al disminuir la fuerza, hay más lentitud en los movimientos y con ellos menor agilidad y por tanto más riesgo de lesiones ante situaciones normales de la vida.

4) Hay más riesgo de osteoporosis, principalmente en las mujeres con su consiguiente riesgo de fractura ósea.

5) Suele incrementarse la cifosis fisiológica que conlleva una disminución de su talla.

6) Disminuye la capacidad respiratoria.

7) Se producen cambios en los porcentajes de masa grasa y magra, con incremento de la primera y pérdida de la segunda, combinado con un incremento de peso por seguir con las prácticas alimenticias anteriores, sin adaptarlas a la nueva necesidad de consumo de energía menor.

Por ello, vamos a tratar de repasar rápidamente la involución de distintos aspectos característicos de las personas, que son importantes para su relación con el medio ambiente que le rodea y su respuesta de adaptación eficaz.


Antes de hablar de la evolución de los aspectos físicos y psicológicos, debemos indicar que no todos los sujetos envejecen de igual manera y los patrones de pérdida de capacidades físicas y psicológicas vienen de manera sincronizada a la misma edad, ya que hay factores hereditarios que hacen que unos envejezcan antes que otros y también existen las modificaciones derivadas de la experiencia en cuanto a actividades por parte del sujeto, ya que no tienen las mismas condiciones físicas las personas que desempeñan labores prácticamente sedentarias (administrativos, gestores, abogados, etc) que los que realizan trabajos mucho más físicos (albañiles, carpinteros,mineros,…). Igualmente hay que distinguir entre aquellas personas que tras su jornada laboral realiza actividad física o actividades sedentarias.
Por todo ello, a la hora de organizar actividades físicas dirigidas a una población, no solamente hay que tener en cuenta la edad, sino también las experiencias motrices y físicas y con ello, aplicar actividades apropiadas a las características de los sujetos.
Entre los factores que hay que tener en cuenta en relación a analizar las necesidades de actividad física de un sujeto, se distingue: edad, experiencia laboral, experiencia física, enfermedades crónicas o discapacidades provenientes de su involución, motivación y personalidad de los sujetos (Ilustración 3). De esto se deduce, que las actividades físicas aplicadas a personas mayores con objetivos de salud, deben ser aplicadas de manera personal, partiendo previamente de un análisis de sus capacidades físicas, cognitivas, psicológicas y sociales, para a partir de ello, organizarle las actividades adecuadas a sus condiciones y así poder llegar a ser útiles en su mejoría.
El estudio previo de la involución de las capacidades de los adultos mayores (AM), nos sirve para partir de una realidad, pero personalizando dichas actividades.




Ilustración 3: Factores a considerar en el envejecimiento

2.1 ASPECTOS FÍSICOS

Cuando una persona sobrepasa los 60 años, en una población como la española, se van produciendo las disminuciones progresivas de las distintas capacidades físicas como es la pérdida de fuerza, la disminución de la capacidad aeróbica con su detrimento para las actividades basadas en este tipo de capacidad, la disminución de la movilidad articular de la flexibilidad y también el equilibrio y la agilidad, cuyas capacidades van a ser muy importantes para ese desenvolvimiento con el medio externo de manera exitosa.
Las tareas diarias se van haciendo más difíciles de ejecutar con la edad y tal como señala el Colegio Americano de Medicina Deportiva (ACSM; 2009), esa disminución de sus capacidades en los AM, les va a obligar a esfuerzos mucho más intensos ante tareas que anteriormente eran fáciles de ejecutar.

Pero, ¿cómo se deterioran esas capacidades? ¿Qué tipo de manifestación de esas capacidades son más sensibles en su deterioro con la edad? Vamos a ver cada una de ellas (Ilustración 4).




Ilustración 4: Capacidades a trabajar con las personas mayores

FUERZA

Considerándola como la manifestación externa de la tensión muscular y pudiendo manifestarse de distinta manera, hablaremos de las distintas formas de manifestación. Fuerza máxima (FM), definida como la tensión más elevada que el sujeto está en condiciones de producir con una contracción muscular voluntaria (Manno, 1999). Fuerza explosiva (FE), definida como la producción de fuerza en la unidad de tiempo. Fuerza-velocidad (Fv), es la capacidad de superar resistencias con elevada rapidez de contracción (Manno, 1999), siendo una derivada de esta la potencia (Pt), entendida como el producto de la fuerza por la velocidad. Resistencia a la fuerza (RF), capacidad de oponerse al cansancio muscular ante acciones que requieren de un periodo de tiempo

prolongado, y una velocidad de contracción determinada (Manno, 1999).
Con la edad, se disminuye el tono muscular, la capacidad de respuesta de los sistemas endocrino y nervioso, la actividad inmunitaria y el endurecimiento de los vasos sanguíneos, lo que nos lleva a una disminución de todas las formas de manifestación de la fuerza (Izquierdo y col., 1999). Entre los 30 y 80 años se pierde entre un 20 y un 40% de la FM y hasta un 60% de la FE. Entre los factores que contribuyen a estas pérdidas, tenemos la sarcopenia o pérdida de masa muscular, la reducción del número de fibras (apoptosis), reducción que suele afectar a las fibras tipo II, las modificaciones en la arquitectura muscular, con reducción de la longitud de la fibra y disminución del tejido contráctil, compensado con el incremento de los tejidos conectivo y graso. La deshidratación de los tejidos aportando rigidez a estos con pérdida de elasticidad muscular. Este cambio estructural va acompañado de modificaciones en el sistema nervioso.

Esas pérdidas de fuerza, junto con otros factores como la pérdida de elasticidad, la pérdida de masa ósea, la disminución mineral de los huesos,…, pueden controlarse mediante el ejercicio físico y fundamentalmente por aquellas actividades que implican presión como

puede ser la fuerza combinada con los estiramientos. Igualmente ocurre con el músculo y su metabolismo cuya disminución de las propiedades contráctiles, la producción metabólica y la tolerancia al lactato puede reducirse con el entrenamiento de fuerza.

Parece ser que una fuerza muscular baja, es un predictor de mortalidad en personas mayores, a la vez que limitan la movilidad de estas personas, lo que hace que se tenga como una cualidad prioritaria con el trabajo de actividad física en estas poblaciones de AM.

RESISTENCIA

Esta capacidad, que se pierde con la edad, puede mejorar bastante con la incorporación de ejercicios específicos en esta población de AM. La ACSM (2009) establece la necesidad de realizar programas de fuerza y entrenamiento del equilibrio y del control postural previos a la realización de programas de resistencia. Se producen mayores mejorías de la resistencia en los sujetos que parten con niveles de condición física bajos, o que son más sedentarios. La buena condición cardiovascular en esta población, es fundamental y sabiendo que su VO2 máx, en personas sedentarias comienza a disminuir hacia los 25 años, aproximadamente un 5-7% cada 10 años, estando aproximadamente a los 65 años con una disminución respecto a su máxima de hasta un 20-30%, por lo que convendría trabajarla para lentificar dicha pérdida. Igualmente, el descenso del VO2 máx no es igual en hombres que en mujeres, resultando ser éste entre los 55 y 84 años de un 14,7% en hombres y un 7% en mujeres (Stathokostas et al, 2004), aunque el nivel inicial es también superior en hombres que en mujeres.

Este tipo de actividad es la que más se utiliza en poblaciones de AM, mediante caminatas, aunque hay muchas más maneras de hacerlo con variaciones de intensidades e implicando más grupos musculares mediante ejercicios variados y jugados, lo que hace que últimamente se estén utilizando ofertas de ejercicios aeróbicos para gente mayor, además del uso de las llamadas gimnasias suaves y también las posturales.

Los ejercicios anaeróbicos, con la edad se van tolerando peor, debido a las pérdidas naturales de las propiedades musculares a la vez que el organismo tolera peor los cambios metabólicos y los ritmos rápidos, en donde el sistema cardiorespiratorio tiene que ir adaptándose rápidamente a dichas situaciones.

Al igual que en la fuerza, la resistencia va a depender de los sistemas nervioso, muscular y cardiocirculatorio y respiratorio entre otros, y por lo tanto su práctica va a incidir sobre dichos sistemas, disminuyendo su deterioro consecuente del envejecimiento del sujeto.

VELOCIDAD

Aunque esta capacidad viene determinada por el tiempo en que se realizan las acciones y por tanto integra la fuerza con la activación neuromuscular y la atención, al igual que el dominio de aspectos coordinativos y de equilibrio que facilitarán esa rápida respuesta, en las personas mayores se va perdiendo como consecuencia de la disminución de su fuerza y del número de células activas, junto con las alteraciones moleculares, la velocidad de ejecución.

Ante respuestas simples (un estímulo, una respuesta) se produce una pérdida de velocidad en la respuesta, principalmente por la pérdida de fuerza, mientras que ante una respuesta compleja (un estímulo, varias posibilidades de respuesta), además de la disminución de su fuerza, se añade la pérdida en el sistema nervioso en su función de toma de decisión, ya que se va produciendo un deterioro del sistema nervioso funcional como consecuencia de las alteraciones en la conexión neuronal (sinapsis).

Con estas pérdidas con la edad, se recomienda el uso de ejercicios en donde la rapidez en la toma de decisión sea importante, así como en la ejecución de ejercicios de manera rápida, teniendo en cuenta que para ello, se debe de realizar un calentamiento previo y amplio y buscar actividades con poco riesgo en su ejecución.

MOVILIDAD ARTICULAR

La capacidad de hacer con mayor o menor eficiencia la amplitud de movimiento de cada articulación por parte del sistema locomotor, la cual se denomina también flexibilidad o ROM (Range of Motion) y que a su vez depende de los huesos, las articulaciones, los músculos y los ligamentos relacionados con cada articulación y el sistema nervioso, tiende, al igual que las otras capacidades vistas, a disminuir o empeorar con la edad, por lo que las personas mayores están más expuestas a lesiones y a empeorar su relación motriz con el mundo externo, teniendo más posibilidades de sufrir caídas por sus desequilibrios y lenta reacción a estas situaciones. Además, encontramos que la falta de movilidad no solo limita el movimiento
físico independiente, sino que su deficiencia se asocia con pérdidas en la calidad de vida. La falta de movilidad aumenta la dependencia de esta población. Esa disminución no se produce de manera lineal y en las mujeres suele ser superior la media de movilidad articular que en los hombres, pudiendo ser a partir de los 60 años entre un 20 y 40% superior en la mujer con respecto a los hombres (Araujo,C; 2008). También hay que tener en cuenta que la movilidad articular es específica para cada articulación. En un estudio realizado por Doriot y Wang (2006), la máxima pérdida se encuentra en las articulaciones del cuello, mediante la comparación entre la movilidad de adultos (25 a 35 años) y la de mayores (65 y 85 años) con un 40% de pérdida, al igual que en el tronco, con un 33% de pérdida de movilidad y en la rotación axial con un 16% de pérdida. En el hombro se observó una pérdida de un 25% en la flexión y un 10% en la aducción. En codo y muñecas no se observaron pérdidas. Por otro lado, con respecto a la columna lumbar, se observaron pérdidas en la flexión frontal y la lateral de unos porcentajes del 45 y 48% respectivamente entre los 16 y 90 años de edad, llegando a reducirse la extensión en un 79% (Troke el al, 2005). Por todo ello sería conveniente tratar de trabajar esta capacidad convenientemente para disminuir dicha pérdida de manera más lenta y con ello favorecer su calidad de vida.

COORDINACIÓN

Con respecto a esta capacidad que implica la participación de manera general y de manera sincronizada de varias cadenas con el objetivo de superar ciertas dificultades de la manera más eficaz, es importante la regulación en función de la situación momentánea y en estas personas mayores se produce también una merma, lo que hace que tengan una mayor torpeza en sus respuestas motrices ante distintas situaciones habituales. En esta capacidad es importante el sistema nervioso central (SNC) que con la edad se va entorpeciendo y necesitamos seguir estimulándolo para que dicha pérdida no sea muy grande y que se puedan realizar aquellos actos cotidianos con eficacia y sin riesgos a accidentes. Muy en relación con la coordinación, está el equilibrio, que depende también del SNC mediante la transmisión de la información externa por vía aferente y la respuesta ante estos cambios situacionales por vía eferente con la participación de los grupos musculares correspondientes. Existen distintos tipos de coordinación, dependiendo de los elementos que participan en su actuación, como puede ser la coordinación dinámico general que implica respuestas de todo el organismo en función de la situación que se produce. También está la coordinación óculo-manual o la óculo-pedica en donde pone a prueba la finura en la actuación mediante una base de información a través de la vista (óculo) y una respuesta adecuada supeditada al miembro del cuerpo que tiene que responder ante este estímulo (mano o pie). Este tipo de dominio de estrategias diferentes, que el Sistema Nervioso Central de las personas utiliza para ejecutar los movimientos coordinativos o para mantener el equilibrio: control reactivo, predictivo y anticipatorio, se puede trabajar con actividades diversas.

Junto con el equilibrio, la coordinación y el control de la postura son muy importantes para favorecer la motricidad en todas las personas y con especial importancia en los adultos mayores (AM), ya que dependen de las capacidades motrices y sensoriales y por tanto dependen de una buena coordinación intermuscular derivada de la precepción interna y externa del sujeto. También viene favorecida por el mantenimiento de una buena movilidad articular y una capacidad de relajación muscular también buena.

2.2 ASPECTOS COGNITIVOS

Con la edad, también se produce una merma de la capacidad cognitiva, de la flexibilidad en sus opiniones y toma de decisiones, en su creatividad por falta de participación en tomas de decisiones importantes y en su búsqueda de nuevos campos de participación, lo que se puede justificar como consecuencia de carencias producidas en los procesos de aprendizaje y recuerdo, teniendo problemas para concentrarse o siendo
más lentos en la percepción y proceso de la información con respecto a edades más jóvenes. Todo esto, se puede ir trabajando mediante distintos sistemas de intervención, sin necesidad de tratamientos dicha ilusión al resto de personas que le rodean. Así, si la información se le presenta demasiado rápida, puede tener problemas, por lo que haciendo la presentación más lenta, sigue teniendo eficacia el aprendizaje.

La resolución de retos intelectuales, mediante ejercicios mentales y que a su vez pueden ser también físicos y aplicados de manera personalizada (cada uno con su ritmo) con incrementos de dificultad en función de su progresión, puede mejorar la capacidad de razonamiento y resolución de problemas de tipo similar, a la vez que mejora su propia toma de decisiones, creatividad e ilusión hacia nuevas experiencias, tal como demostraron Stine-Morrow y Brent Roberts en un estudio realizado con 183 personas mayores, comparándolas con un grupo control de 131 personas. Este estudio reafirma que la personalidad puede modificarse incluso en la tercera edad.

Investigaciones realizadas sobre el aprendizaje en tercera edad nos indican que las personas de edad avanzada tienen dificultad para aprenden actividades que carecen de sentido. Cuando esas actividades tienen relevancia, el aprendizaje es tan efectivo como los logrados por las personas jóvenes. A los Adultos Mayores les faltan recursos para el aprendizaje, carencia que es corregible, quedando subsanada. Si se pretende que el adulto aprenda algo y la información es presentada muy deprisa, la efectividad de ese aprendizaje se ve reducida. Si se elimina ese factor el aprendizaje puede ser equivalente al de sujetos con edades menores.

2.3 ASPECTOS PSICOLÓGICOS

A nivel psicológico también se producen cambios relacionados con la edad y las variaciones provenientes de aspectos tanto fisiológicos como sociológicos que influirán en su autoconcepto, su autoestima y su satisfacción con la vida. Pueden producirse modificaciones en la organización de concepciones del sujeto sobre sí mismo, ya que esta depende de la experiencia suya y las evaluaciones de otras personas de su entorno. De este autoconcepto deriva su bienestar psicológico, ya que este, puede ser a nivel de distintos parámetros como por ejemplo el físico, o su percepción sobre sus habilidades y apariencia, también puede ser el académico o el intelectual, observando cómo percibe su nivel de formación y de conocimientos dentro del ámbito en que se desenvuelve; o el familiar con respecto a la percepción de su papel dentro del ámbito familiar y de amistades. Por todo ello, sería necesario potenciar dicho autoconcepto en todas sus áreas.

Esta identidad física llega a asociarse con la práctica de determinados tipos de ejercicios y otras conductas relacionadas con la salud. La percepción física es importante ya que, incluso en su declive, como es la vejez, influye de manera decisiva en la estructura de la autoestima, siendo la apariencia física la variable que domina el autoconcepto físico y que se relaciona más fielmente con la autoestima global.

La autoestima parece tener un componente evaluativo más profundo, pudiendo tener en su base una multitud de evaluaciones de situaciones concretas en contextos generales o específicos. Esta se ha ido utilizando como un índice de bienestar mental y como un mediador de la conducta con un gran peso en el bienestar psicológico y la calidad de vida de las personas. Por esto, la autoestima y la autopercepción adquieren su importancia en programas de salud y educación, siendo buenos indicadores del bienestar mental.

El bienestar psicológico es importante, por sus dos componentes: 1) el componente emocional y 2) el componente cognitivo o satisfacción con la vida, en donde se analizan los aspectos positivos y negativos de la vida del sujeto en comparación con un modelo que él considera adecuado.

Por ello, el ejercicio físico, puede ser una buena herramienta para mejorar estos aspectos psicológicos del adulto mayor, tal como se ha demostrado en distintos estudios en donde se ha visto que la depresión tiene una relación inversamente proporcional a los estilos de vida activa. Igualmente, la satisfacción con la vida está relacionada directamente con la actividad física.

2.4 ASPECTOS SOCIALES

A pesar de que con la edad se van afirmando las conductas y según se dice, es difícil producir cambios en estas, estudios recientes (Newsom et al; 2012) plantean que se pueden modificar estas conductas, aunque no es fácil, ya que observaron en distintos estudios con tratamientos sociales a personas mayores de EEUU diagnosticadas con enfermedades del corazón, diabetes, cáncer, accidente cerebrovascular o enfermedad pulmonar, una mejoría no muy elevada en la mejora de sus conductas en lo que se refiere una disminución del consumo de alcohol y del tabaco y el incremento de una práctica de ejercicio como hábitos recomendados por los médicos con el objetivo de mejorar su calidad de vida. Aun así y todo, un porcentaje elevado sigue manteniendo sus hábitos, aunque sean perjudiciales. De este estudio se desprende que hay que seguir trabajando con la población mayor con la idea de modular sus hábitos de vida que les acerque a una mejor calidad de vida.

Hay que tener en cuenta, que cuando una persona se jubila, no solamente pasa a realizar una actividad menor, excepto aquellos que se organizan esta fase de sus vidas tratando de realizar ocios y aficiones que cuando estaban trabajando no tenían tiempo para ellas, sino también que su círculo de personas puede cambiar, ya que sus compañeros de trabajo salen de su círculo de relaciones y tiene que intentar reorganizar su nuevo ambiente, salvo que se encierre en casa frente a los ordenadores (actividad que hace unos pocos años no existía y que ahora prolifera) y sus relaciones personales se concentren solamente a la familia y a los contactos que pueda hacer a través de internet.

Por lo tanto, deben de organizarse la vida con el objetivo de crear nuevas actividades que le cubran sus expectativas sociales y personales, lo que incluye el generar nuevos ámbitos de actuación con nuevos compañeros o recuperación de algunos que estaban un poco más apartados y la separación de otros más cotidianos, debido a la incompatibilidad de horarios y actividades.

La vejez no hay que observarla desde la edad misma, sino como un cambio gradual en las características de las personas y que es universal e irreversible, afectando a muchas variables tanto físicas como psicológicas y sociales (Guzmán, J; 2010).

En cada generación el sistema de envejecimiento es muy característico, como consecuencia de las experiencias vividas, la forma de percibirlas, el ambiente laboral vivido y las propias relaciones sociales del sujeto en su edad adulta. A partir de la jubilación, las características de las personas cambian, aunque puede haber grandes diferencias entre unos y otros en función de sus experiencias anteriores y de su personalidad. Algunas personas pueden estar en pleno apogeo de sus capacidades intelectuales o incluso en sus capacidades físicas, mientras que otras pierden más rápidamente estas capacidades e incluso no las fomentan por pasar a realizar actividades sociales y de poca participación cognitiva.

Por lo tanto con la edad, a nivel social, hay dos condicionantes grandes: 1) el dependiente de la propia edad con sus distintos ritmos en función de las personas de la involución de las distintas capacidades, ya que el envejecimiento se produce por la edad, pero no a los mismos ritmos unas u otras capacidades y en las distintas personas. 2) La forma de aceptar el envejecimiento por parte de las personas, ya que hay mayor experiencia y sabiduría y algunas personas solo ven los aspectos negativos como la pérdida de capacidad física o la mayor torpeza que se va adquiriendo con el tiempo. Este apartado puede ser determinante en la forma de disfrutar o sufrir la vejez.

Con la vejez, se producen una serie de factores como pueden ser:

· Tránsito a la jubilación con el cese de la jornada laboral y todas las implicaciones que lleva, como la pérdida de contactos con unos compañeros, la modificación de sus horarios diarios que hay que completar con actividades,…

· Necesidad de actividades menos intensas y adecuadas a sus condiciones.

· Cambios en su forma de afrontar las tomas de decisión, derivados de la nueva organización de su vida, las nuevas relaciones sociales, el cambio en la estructura familiar con la marcha de la casa de los hijos, la llegada de los nietos,…

La jubilación suele afectar la pérdida de la autoestima y la percepción de la imagen corporal, asociando dicha imagen con la de persona inútil y poco eficaz, lo cual puede superarse mediante las adecuaciones de sus actividades a sus capacidades aprovechando principalmente sus aspectos positivos. Si la imagen que tiene un sujeto de si mismo, coincide con la real, esa persona tendrá seguridad en sus actuaciones, al contrario de aquellos que se niegan a envejecer y se consideran más jóvenes de lo que son en realidad, teniendo una imagen no real y por tanto produciendo en el sujeto un desequilibrio que le llevará a problemas sociales.